Vestigios de un banquete (2023–2024) es un proyecto multidisciplinario que surge de una reflexión sobre las prácticas culturales que atraviesan mi experiencia en la frontera entre Mexicali y Calexico. A través de la pintura, la instalación, la cerámica y la escultura, me interesa observar cómo la celebración puede funcionar simultáneamente como un espacio de encuentro, afecto y comunidad entre generaciones, pero también como un escenario donde se manifiestan distintas formas de violencia que suelen permanecer normalizadas dentro de la infancia.
Aunque con el tiempo el proyecto se expandió hacia medios tridimensionales, la gráfica y pintura, su núcleo se encuentra en tres polípticos pictóricos: Recuerdos de una noche de verano en una calle de Pueblo Nuevo: figuras sobre alberca, Atardecer nublado en el inicio de la fiesta infantil sobre una calle cerrada de Pueblo Nuevo y Preparativos al amanecer y el caos que contienen las calles de la Zona Centro Comercial. Estas piezas parten de recuerdos personales vinculados a fiestas infantiles, reuniones familiares, calles cerradas, ornamentas, sillas monobloque, inflables y paisajes del barrio que forman parte de la memoria colectiva del festejo en nuestra localidad.
A través de la fragmentación de la imagen y del uso del políptico, me interesa trabajar con la memoria no como una reconstrucción fiel de los acontecimientos, sino como un proceso inestable donde los recuerdos se mezclan con el error, la imaginación y la distancia temporal, digital y tecnológica. Los espacios representados funcionan como escenarios periféricos y marginales donde conviven la celebración y el abandono, la infancia y la violencia, lo íntimo y lo colectivo. En ellos aparecen elementos propios de la cultura popular global que operan como rastros de experiencias compartidas y permiten reflexionar sobre la construcción de identidad dentro del contexto urbano de Mexicali.
La noción de vestigio atraviesa todo el proyecto. Los objetos, cuerpos, rostros y escenarios funcionan como fragmentos de vivencias que ya no pueden recuperarse por completo, pero que permanecen presentes a través de la memoria. Desde esta perspectiva, la pintura se convierte en una herramienta para reconstruir atmósferas emocionales a través del color, mientras que la gráfica opera mediante la fragmentación de la imagen. Ambas estrategias visuales y plásticas se entrelazan para construir escenarios donde la nostalgia, la pérdida, el afecto y la violencia conviven dentro de una misma experiencia.
Los tres polípticos constituyen el cuerpo principal de circulación pública e institucional del proyecto. Inicialmente fueron desarrollados gracias al apoyo de la Convocatoria de Apoyo a la Creación de Proyectos Artísticos y de Divulgación de la Ciencia PULSAR 2023 de la Universidad Autónoma de Baja California. Posteriormente se exhibieron en distintos espacios y exposiciones, entre ellas Vestigios de un banquete en Planta Libre (2024), 51 Grados dentro de la Semana del Arte Mexicali 2026 en Taller Cero/Cero y Planos planos: pinturas del folclor paranormal cachanilla en el contexto de la MexiCali Biennial, presentada en Arista 1701 durante 2026.
Paralelamente, el proyecto continuó expandiéndose mediante instalaciones, esculturas, piezas cerámicas y nuevas exploraciones pictóricas que profundizan en las relaciones entre memoria, territorio, infancia y violencia cotidiana. Más que documentar una realidad y experiencia específica, Vestigios de un banquete busca reconstruir las atmósferas emocionales que permanecen adheridas a ciertos lugares, objetos y rituales, entendiendo la memoria como un espacio fragmentario y fallido donde la celebración, los afectos y la identidad se construyen entre el ruido, la oscuridad y los vacíos que deja el recuerdo.